




A pocas horas de un nuevo comienzo que intenta marcar una distinción en la historia del peronismo en Santa Elena, me asaltan imágenes y recuerdos de aquello que tanto daño hizo a la verdadera reconstrucción dentro de nuestra agrupación social y popular.
Recuerdo vívidamente el día en que tuvimos que entregar la llave a un particular, ya que nuestro hogar ya no lo era más. En aquel lugar, quedaron acumulados objetos, cuadros, banderas y fotografías, pero lo más importante era que uno se sentía parte de algo. Y fue una sola persona la que derribó esa simbiosis, esa mística, esa comunión de ser parte de un histórico partido político bajo la doctrina peronista.
Un viejo compañero me contó, con los ojos llenos de lágrimas, cómo muchos vendieron números de rifa, cocinaron pollo y empanadas e incluso establecieron un fondo común para donar dinero y así poder comprar lo que sería nuestro espacio de militancia. Se compró, se pagó cada peso y fue motivo de celebración, hasta que un día, después de perder las elecciones locales, alguien recordó que ese inmueble había sido considerado privado.





Mañana es un día especial, el 10 de marzo. Tal vez bajo la lluvia, caminaremos, nos reuniremos en una escuela, pero lucharemos contra aquellos que hablan de reconstrucción, de unidad, de renovación, cuando nunca dieron lugar a nada, ni a los compañeros y mucho menos a la juventud.
Memoria, militancia y peronismo están vivos en cada intención. Mañana, podemos hacerlo realidad.






