Por Nicolás Omar Rios
La casa de artículos varios incluyendo fotografías y postales de Santa Elena como recuerdos memorables cumple 50 años de historia.
Como había escrito en su momento, comenzó a lo Walt Disney, Nicolás Sarfati compró un terreno junto a su esposa Sonia Benítez donde parecía imposible construir, un zanjón seguía socavando haciéndolo toda una osadía para la época, pero sin detenerse levantó su casa y consecutivamente su primer local de pequeña dimensión, allí en ese espacio minúsculo comenzó un sueño, ese sueño que hasta hoy sigue despierto.
Sarfati, proveniente de familia santafesina, sus papas nacieron en Villa Constitución luego por razones laborales se trasladaron a Garruchos provincia de Corrientes y definitivamente lo designaron a Santa Elena, su padre trabajaba para la Prefectura Naval Argentina, mientras qué, su mamá, mujer trabajadora decidió abrir una verdulería que el mismo Nicolás ayudaba en la atención al público desde muy chico. "Mis viejos eran re laburadores, siempre trabajaban a la par, a nosotros nunca nos faltó nada pero nos enseñaron a ganarnos la vida y valorar el esfuerzo propio" comentaba Sarfati en una entrevista informal.
▪️Volviendo al principioFue allá por un 24 de mayo de 1975 cuando inauguraba la primer regalería de Santa Elena, era el único lugar donde la persona podía llevarse una postal o recuerdo de la ciudad a la mejor calidad, fotografías que el mismo capturaba y hoy son un registro invaluable para la historia local.
Ese pequeño local fue ampliándose a través del tiempo, hasta como se muestra en la actualidad, con un sin fin de artículos para el hogar y de uso personal como relojes, linternas y un stock de pilas jamás vista en el norte entrerriano a la venta.
"Esto es mi vida, me levanto a la mañana entre mate y música comienzo a izar la persiana mirando a la gente pasar, se me van los años en éste lugar maravilloso que adopté desde muy joven junto a mi gran compañera de vida, esposa y madre de nuestras hijas” cerraba Sarfati con todo orgullo.
Se jubiló, pero jamás dejó de trabajar y lo seguirá haciendo hasta que Dios disponga, sin dudas; es un ejemplo de perseverancia, de soñar escalonadamente, de no saltarse algún peldaño por impulso, en meticulosos pasos, destacándose en la atención al cliente, de siempre ir innovando, de seguir pensando que el trabajo propio es el secreto a no jubilarse jamás.-









