Por Nicolás Omar Rios
Desde pequeño subrayo la sencillez en momento de diversión, de deporte; como tantos otros juegos a pesar de los años deja un legado como cicatrices en piel. Sonrisa divagando al aire. Pies corriendo sin condición social. Mucha prisa, pero todo muy posible de alcanzar.
Llovía y aún se corría, canaletas toboganes en la mejor defensa. Mirábamos al vecino con juguetes nuevos mientras esa improvisación creativa tocaba las puertas de una morada sin perjuicio.
Amistad altamente reciclable y sin reproches en su regreso. Amores tartamudeando en la esquina de los relatos poco certificado. Chat en vivo y directo en papelitos de hojas usadas sin preocuparnos por el wifi o estar todo el día en facebook.
La Doña, y su lucha con pronta devolución de la pelota. FIFA sin tener en cuenta cualquier partido en descampados. Ansias piernas del Maradona napolisense refugiando un orgullo eterno gritando cada gol en reconcilio nacional ese 22 de junio del 1986.
La pasión genera muchas atenciones, sin dudas sueños, por eso; un merecido presente para cada uno de nosotros que a lo largo de la vida amó la sana bendición de poder vivir expectante combinando alegrías compartidas sin alardear su costo; salvo el tiempo.
Escrito: Nicolas Omar Rios
Fotografía: Fabiana Benitez














