Por Nicolás Omar Rios
Para hablar de aquellos años dorados, donde el fútbol se montaba en cualquier descampado, se ponía una piedra como arco referencial y comenzaba el juego, entre la niebla del tierreral se vivía una inimaginable pasión, jamás vista en la historia santaelenense, y una persona fue participe directo -entre otros- de esta gesta memorable, hablo de Miguel Fernández, un escrito homenaje.
Fernández nació un 4 de octubre de 1939, amante del esférico mágico, desde temprana edad amó y convivió con la filosofía de este deporte creyendo que el fútbol era una herramienta de contención social, "el fútbol no es solamente una pelota o la cancha una vez por semana, sino acompañar y conocer su entorno para saber y profundizar más su crecimiento" solía remarcar siempre en charlas con su peculiar voz que provenía de un cuerpo esbelto marcando respeto en primera impronta, de camisa y corbata casi en siempre en la cancha.
●¿PORQUÉ ESCRIBO SOBRE ÉL?
A veces es importante no olvidarse de aquellas personas que han influenciado a tantas generaciones, y para bien, sin ir más lejos, Wilfredo "Willy" Caballero quien fue el primer arquero en la historia de nuestra ciudad en jugar un mundial de fútbol pasó por sus entrenamientos y conceptos futbolísticos. Incluso promovió el fútbol femenino, algo alejado en la época, inclusive enseñó básquetbol.
Fernández estuvo trabajando en los clubes como Belgrano, Progreso, Villa Urquiza y Riberas del Paraná, entre otros; pero amaba su club de la Alborada. Sin dudas, creía que el fútbol era esa pasión independientemente del torneo, la cancha o los colores de la camiseta. Para él era unión, un espacio donde se contiene, se sociabiliza e iguala.
Miguel no formaba solamnete jugadores atrás de una simple pelota, intentaba hallar a buenas personas, de conductas y constancia, que antes de estar en una esquina lo quería corriendo, jugando, divirtiéndose, quería irse con una imagen de aquella sonrisa que un niño te regala y jamas se olvida. Estos eran los reales líderes del barrio, recuerdo cuando insistía a mi madre para que vaya a entrenar, aunque sabía que no era buen jugador o un futuro crack, aún así creía que podía ser una de esos tantos que no se rinden pese a las dificultades.
Por eso escribo, para no olvidar, para recordar a estos seres que han inventado motores para carcasa de autos abandonados o jamás tomados en cuenta para salir a una pista que es la vida misma. Recuerdo a esa simple pechera o remera desgasta para comenzar las prácticas transportandonos a una liga mayor, nos generaba sueños y esperanzas, tambien generaban los espacios de contención para que se arme esa simbiosis en defender los colores, generaba compañerismo y fundamentalmente lealtad.
Miguel Fernández falleció sin ningún reconocimiento o nombre de una calle, murió un 2 de abril de 2011, murió es verdad, pero aquellos que tuvieron la oportunidad de conocerlo vive al rodar del desgastado balón, aunque patiemos a la luna, lo importante era jugar, y sentirse parte de un 11, de un equipo, de un fin.-











